Etiqueta: Kino

Revista Universidad Kino

Marzo 2014. Número 2.

Revista Universidad Kino Número Dos

Artículos

Esclavas del poder: un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo por Kenia Medina 6

El lado oscuro de la globalización en internet por Renée Holguín 11

Movilidad y desarrolla industrial tardío en Latinoamérica por Mario Aníbal Bravo 13

Breves notas para el fomento de una cultura regional en un contexto nacional y global por Alejandro Ramírez Arvallo 16

Sonora camino creciente para migrantes por Adriana Manjarrez 19

Vida universitaria. Encuentro Educar es diálogo de todos 24

La frontera a través del lente de Mariana González por Irene Lucero 25

Eusebio Francisco Kino Frontera y mundo 30

Entrevistas

Uno tiene que ser autor de su vida Dr. José Rentería, Rector de la Universidad Kino 32

Hanna Jaff una mujer multicultural 36

Exakino Raúl Murcia 38

La música da vida José Carlos Esquer 40

Reseñas

Los boys de Junot Díaz por Josué Barrera 41

Babel por Fernanda Bastidas 42

 

 

California como isla Padre Kino

Uno de los objetivos de la Revista Universidad Kino es difundir la vida y obra del padre Eusebio Francisco Kino, es por eso que en cada número se publica el fragmento de un texto que él escribió. En esta ocasión tomamos el fragmento del libro “Favores celestiales”, donde el padre Kino se refiere al descubrimiento de que California no era una isla, sino península. Los mapas que conoció en Europa dibujaban dicho territorio rodeado de mar, pero gracias al interés que el padre tenía hacia la cartografía, logró comprobar el error y de esa manera delinear el territorio del noroeste de lo que ahora es México.

 

LIBRO IV

ENTRADA DE 225 LEGUAS DEL AÑO 1702, CON EL MUY INDIVIDUAL NUEVO DESCUBRIMIENTO DEL MUY CIERTO Y MUY PATENTE PASO POR TIERRA A LA CALIFORNIA, QUE SE RECONOCE NO SER ISLA, SINO PENÍNSULA

 

CAPÍTULO PRIMERO.—Dudas y controversias que desde tantos años ha habido de si la California es continente o tierra firme continuada con esta Nueva España.

Algunos de los cosmógrafos antiguos, aunque con algunas imperfecciones, pintaban la California hecha península o istmo; pero desde que el pirata y piloto inglés Francisco Drake navegó por estos mares y en su bahía de San Bernabé, cerca del cabo de San Lucas, de la California, robó el navio de China o galeón de Filipinas llamado Santa Ana, viendo entonces las muchas corrientes del brazo de mar de la California, discurrió y divulgó por cosa cierta que este seno y mar califómico tenía comunicación con el mar del norte, y que con ese mar de la California se apartaba del todo desta tierra firme de la Nueva España, y la pintó cercada de mares e isla (que hubiera sido la mayor del mundo), y dibujó, pero también siniestramente, los ríos del Coral y del Tizón, y de Anguchi o de Buena Guía, que salen y desembocan en dicha mar de la California en 33, 34 y 35 grados de altura, siendo así que, según con toda certidumbre con varias entradas hemos descubierto, no sube este seno califórnico hasta a 32 grados, y con esto dicho Drake, de vuelta a sus tierras, engañó a toda la Europa, y casi todos los cosmógrafos y geógrafos de Italia, Alemania y Francia pintaron la California isla.

En la insigne Universidad de Ingolstad, de Baviera, imprimió en mi tiempo un muy curioso mapa universal de todo el mundo terráqueo mi padre maestro de Matemáticas, el padre Aldamo Aygentler, que después murió gloriosamente en la navegación del padre Intonchete para las misiones de la gran China, ya cercano a Goa, in conspectu Goa, dice la relación. Este mapa, que lo traje conmigo a las Indias y hasta a estas nuevas conversiones, con su tratadito e instrucción o explicanda, pues es cosmográfico, geográfico, hidrológico y orográfico y náutico y geométrico, pone muy bien la California, no isla, sino península. En dicha Universidad de Ingolstad (y en la [de] Friburgo) estudié las ciencias matemáticas y las enseñé después privatin a los nuestros, y por orden de mis superiores las han de enseñar y leer en público: así que en el cuarto año de Teología me ordené de sacerdote; pero, aunque yo traté de varias ciencias matemáticas con el señor duque de Baviera, que hoy gobierna, y con su señor padre, cuando sus altezas, ambos juntos el año de 1676, vinieron a ver desde su electoral corte de Monaco a su gran fortificación, ciudad y Universidad de Ingolstad y nuestro Colegio Máximo desa ciudad y provincia de Baviera, en la Alemania la Alta, y fui convidado a cursar estas ciencias, artes y ocupaciones por allá en Europa, siempre más me incliné y solicité con los superiores mayores en Roma el venir más bien a enseñar las doctrinas cristianas y verdades evangélicas de nuestra santa fe católica a estos pobres infieles tan necesitados para que con nosotros se salven y nos ayuden a alabar a Nuestro Piadosísimo Dios por toda la eternidad.

En esa creencia que la California era península y no isla, vine a estas Indias Occidentales, y así que llegué a México, por el padre provincial Bernardo Pardo fui señalado por misionero y cosmógrafo y rector de la California, y procurando salir de las dudas que había en las materias, mudé de parecer: 1.° Porque cuando leí la relación del Adelantado del Nuevo México, don Juan de Oñate, que, saliendo de la villa de Santa Fe del Nuevo México y caminando como 100 leguas al poniente, llegó a los moquis, y, según la relación, dice hasta la mar, y esto era en altura de 37 grados. 2.° Porque otras relaciones de otros decían lo propio. 3.° Porque otros muchos mapas y los más principales cosmógrafos modernos de Alemania, Flandes, Italia, Francia, etc., decían lo mismo, y que la California era isla, y saqué un tanto destos muy grandes nuevos mapas del Palacio de México, llevándonos a este fin prestados al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. 4.° Porque las muchas corrientes de norte a sur que experimenté en las navegaciones que hice en el brazo de la California, eran tan continuadas y a veces tan vehementes, que parecía se comunicaba esta mar con la del norte, y me incliné a que la California era isla, y por tal la dibujé en algunos de mis mapas.

Pero ahora, ya gracias a Su Divina Majestad, con varias, y en particular con tres entradas de 150, de 170 y de 200 leguas que de aquí de Nuestra Señora de los Dolores al noroeste he hecho, he descubierto con toda individualidad, certidumbre y evidencia con la aguja de marear y astrolabio en la mano, que la California no es isla, sino península o istmo, y que en 32 grados de altura hay paso por tierra a dicha California, y que sólo hasta allá cerca llega el remate de la mar de la California, desembocando en dicho remate los muy caudalosos ríos, que en los siguientes capítulos se referirán.

 

______________________________

La riqueza de la figura del padre Kino recae en las diferentes facetas que tuvo en su andar por lo que se conocía como la Pimería Alta. Una muestra de ello es la referencia de su biógrafo Herbert E. Bolton quien menciona “Los jesuitas imprimen en lo alto el nombre de Kino – escribe el historiador Herbert E. Bolton – en la larga lista de los apóstoles de la evangelización americana. Los cowboys del suroeste quedan atónitos y casi escépticos ante sus bien verificadas habilidades en cabalgar. Los geógrafos difunden su fama de explorador y cartógrafo. Italia lo saluda como un noble, aunque casi olvidado, hijo. Alemania está orgullosa de haber sido la inimitable preceptora del jesuita. España lo señala como uno de los más poderosos constructores del propio imperio colonial. México saluda su memoria como gran pionero de su vasta e histórica Costa Oeste. California lo alaba como el inspirador del jesuita padre Salvatierra, su primer famoso colonizador. Arizona lo reverencia como su más prodigioso y ejemplar pionero.”

 

 

 

Mural del Padre Kino en la Universidad Kino. Hermosillo, Sonora, México.

Con la intención de conocer de manera directa los pasos y las palabras de Eusebio Francisco Kino, compartimos las primeras impresiones de su llegada al territorio que hoy es Sonora. Esto fue en 1687 y se describe en la primera parte del libro primero de “Favores celestiales”.

 

CAPÍTULO III.—Mi llegada a estas Misiones de Sonora y primera entrada a esta Pimería con el padre visitador Manuel González.

Con esta real provisión y real cédula, que de su admirable católico celo se puede y debe asombrar y edificar el orbe universo, vine por febrero de 1687 años a estas Misiones de Sonora, pasé a Oposura a ver y hablar al padre visitador, que lo era el padre Manuel González; hallé en su reverencia tanta caridad y un tan santo celo del bien de las almas, que su reverencia vino luego en persona más de 50 leguas de camino en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, que dista cinco leguas de la antigua Misión de Cucurpe, del rectorado de San Francisco Javier de Sonora. Al venir pasamos por el Real de San Juan, y vimos al señor alcalde mayor, quien con la suma atención que se estila dio el obedecimiento a la real cédula y a la real provisión, y viniendo por el valle de Sonora vimos al padre rector de la Misión o Rectorado, que lo era el padre Juan Muñoz de Burgos, y por el valle o pueblo de Opodepe, Tuape y Cocurpe, partidos o pueblos que administraba el padre José de Aguilar, y en 13 de marzo de 1687, los tres poderes juntos a Nuestra Señora de los Dolores del Bamotze ode Cosari, avisando un día antes a los naturales, cuyo gobernador estaba ausente; no obstante, nos recibieron con todo amor, pues meses y años antes habían pedido padre y el santo bautismo.

 El día siguiente el padre visitador, dejándonos a los padres y a los hijos, con su muy paternal despedida, se volvió hacia Opostura a las ocultaciones premisas de la Semana Santa, insinuándonosal padre Aguilar y a mí que después viéramos si había oportunidad de entrar algo más adelante a buscar puesto donde se hiciese otro segundo pueblo.

 

CAPÍTULO IV.—Entrada a San Ignacio de Caborica,a San José de los Himeris y a Nuestra Señora de los Remedios.

Con este aviso del padre visitador, luego aquel mismo día entramos al poniente, y a las diez leguas de camino hallamos el muy buen puesto de Caborica, con gente afable, que por orden del padre visitador le pusimos de San Ignacio, y tomando la vuelta por el norte hallamos otro buen puesto, con bastante gente dócil y doméstica, que le pusimos San José de los Himeris, y al oriente otro, también de indios trabajadores, que le pusimos de Nuestra Señora de los Remedios, distante, al norte de Nuestra Señora de los Dolores, siete leguas; y en todas partes recibieron con amor la palabra de Dios para el remedio de su eterna salvación; volvimos, gracias al Señor, con bien y gustosos a Nuestra Señora de los Dolores.

El padre Aguilar pasó a Cucurpe; yo empecé a catequizar la gente y a bautizar párvulos; vino de tierra adentro el gobernador de Nuestra Señora de los Dolores; con él y con otros despaché a varias partes remotas de esta Pimería diversos recaudos y amigables convites para que procuraran ser también cristianos, que para ellos sería el bien y la ganancia, que yo había venido para ayudarles en orden a que se salvasen eternamente.

 

CAPÍTULO V.—Primeras contradicciones que tiene esta nueva conversión.

Ayudándome siempre muy mucho en todo la mucha caridad del padre José de Aguilar, de parte de los naturales, por la divina gracia, iban las cosas con toda prosperidad, gusto y consuelo, y con gustosos aumentos; pero de parte de otros no falló la contradicción, que ha durado hasta el día de hoy, y hubo un siniestro informe que se despachó al señor alcalde mayor del Real de San Juan, de que estos naturales a la entrada del padre misionero se habían retirado lejos; llegaron estas pesadas, pero falsas noticias, al padre visitador Manuel González, que desconsolaron mucho su reverencia, y escribió a Tuape y Cocurpe para informarse de lo que pasaba. Recibimos la carta de S. R. en Tuape, teniendo la Semana Santa con más de cien pimas de este nuevo pueblo de Nuestra Señora de los Dolores los tres padres—el padre José de Aguilar, el padre Antonio de Rojas y yo—; de los pimas eran como 40 recién bautizados párvulos y muchachitos, que las señoras españolas del Real de Opodepe los estaban vistiendo ricamente y adornando con sus joyas y mejores alhajas como a nuevos cristianos para la procesión de Gloria, con mucha alegría de lodos, ni había habido lo más mínimo en la fingida retirada de los naturales, que tan siniestramente se informó al Real de San Juan; todo lo cual escribimos al padre visitador para su consuelo y firmamos carta los tres padres.

 

CAPÍTULO VI.—Segundas oposiciones y cizañas sembradas en la Pimería.

Volviendo de la Semana Santa y Pascua de Tuape a Nuestra Señora de los Dolores, fui a San Ignacio y a San José de los Himeris, que en todas partes las cosas iban con muy buenos auspicios en lo espiritual y temporal, de doctrina cristiana, de principios de bautismo, de fábricas y de sementeras. Pero en Nuestra Señora de los Remedios encontré la gente tan desconsolada, que por lo claro me dijeron que ellos no querían ser cristianos ni querían padre misionero, y preguntándoles el porqué, me dijeron: l° porque habían oído decir que los padres misioneros mandaban ahorcar y matar la gente; porque los padres mandaban trabajar y sembrar tanto para sus iglesias, que no daban lugar a que los indios pudiesen sembrar para sí mismos ; 3″ porque los padres metían tantos ganados, que se secaban los aguajes; 4″ porque los padres con los santos óleos mataban a la gente; 59 porque los padres engañaban a los indios con falsas promesas y dichos, y que yo también decía siniestramente que traía carta o real cédula del rey nuestro señor; pero que tal carta no traía, que si la tuviera la habría enseñado al señor teniente de Bacanuche.

Me desconsolaron muy mucho estas quimeras, cizañas y alteraciones; pero reconocí luego de dónde podían haber venido, y aunque la real provisión con la real cédula inserta la habíamos enseñado al señor alcalde mayor en el Real de San Juan el padre visitador y yo, que bastaba a los dos días, 10 de mayo, pasé con las justicias de Nuestra Señora de los Dolores al real de Bacanuche, que dista 20 leguas; enseñé la real provisión y real cédula al señor teniente, que lo era el capitán Francisco Pacheco Cevallos, en quien hallé toda honra; le di parte de lo sucedido en Nuestra Señora de los Remedios por los disparates que tan siniestramente habían hablado los días antecedentes contra los padres, y poco a poco quedaron remediadas las cosas y las calumnias de los malévolos y del común enemigo, y aun cuando no faltaban cuentos y riesgos fingidos de algunos poco afectos, los naturales desta Pimería iban quedando tan inclinados a nuestra santa fe, que desde más adentro, del Tupo, del Tubutanzas (Tubutama) y de otras partes pedían padres y el santo bautismo.