Llegada del Padre Kino a Sonora

Mural del Padre Kino en la Universidad Kino. Hermosillo, Sonora, México.

Con la intención de conocer de manera directa los pasos y las palabras de Eusebio Francisco Kino, compartimos las primeras impresiones de su llegada al territorio que hoy es Sonora. Esto fue en 1687 y se describe en la primera parte del libro primero de “Favores celestiales”.

 

CAPÍTULO III.—Mi llegada a estas Misiones de Sonora y primera entrada a esta Pimería con el padre visitador Manuel González.

Con esta real provisión y real cédula, que de su admirable católico celo se puede y debe asombrar y edificar el orbe universo, vine por febrero de 1687 años a estas Misiones de Sonora, pasé a Oposura a ver y hablar al padre visitador, que lo era el padre Manuel González; hallé en su reverencia tanta caridad y un tan santo celo del bien de las almas, que su reverencia vino luego en persona más de 50 leguas de camino en este pueblo de Nuestra Señora de los Dolores, que dista cinco leguas de la antigua Misión de Cucurpe, del rectorado de San Francisco Javier de Sonora. Al venir pasamos por el Real de San Juan, y vimos al señor alcalde mayor, quien con la suma atención que se estila dio el obedecimiento a la real cédula y a la real provisión, y viniendo por el valle de Sonora vimos al padre rector de la Misión o Rectorado, que lo era el padre Juan Muñoz de Burgos, y por el valle o pueblo de Opodepe, Tuape y Cocurpe, partidos o pueblos que administraba el padre José de Aguilar, y en 13 de marzo de 1687, los tres poderes juntos a Nuestra Señora de los Dolores del Bamotze ode Cosari, avisando un día antes a los naturales, cuyo gobernador estaba ausente; no obstante, nos recibieron con todo amor, pues meses y años antes habían pedido padre y el santo bautismo.

 El día siguiente el padre visitador, dejándonos a los padres y a los hijos, con su muy paternal despedida, se volvió hacia Opostura a las ocultaciones premisas de la Semana Santa, insinuándonosal padre Aguilar y a mí que después viéramos si había oportunidad de entrar algo más adelante a buscar puesto donde se hiciese otro segundo pueblo.

 

CAPÍTULO IV.—Entrada a San Ignacio de Caborica,a San José de los Himeris y a Nuestra Señora de los Remedios.

Con este aviso del padre visitador, luego aquel mismo día entramos al poniente, y a las diez leguas de camino hallamos el muy buen puesto de Caborica, con gente afable, que por orden del padre visitador le pusimos de San Ignacio, y tomando la vuelta por el norte hallamos otro buen puesto, con bastante gente dócil y doméstica, que le pusimos San José de los Himeris, y al oriente otro, también de indios trabajadores, que le pusimos de Nuestra Señora de los Remedios, distante, al norte de Nuestra Señora de los Dolores, siete leguas; y en todas partes recibieron con amor la palabra de Dios para el remedio de su eterna salvación; volvimos, gracias al Señor, con bien y gustosos a Nuestra Señora de los Dolores.

El padre Aguilar pasó a Cucurpe; yo empecé a catequizar la gente y a bautizar párvulos; vino de tierra adentro el gobernador de Nuestra Señora de los Dolores; con él y con otros despaché a varias partes remotas de esta Pimería diversos recaudos y amigables convites para que procuraran ser también cristianos, que para ellos sería el bien y la ganancia, que yo había venido para ayudarles en orden a que se salvasen eternamente.

 

CAPÍTULO V.—Primeras contradicciones que tiene esta nueva conversión.

Ayudándome siempre muy mucho en todo la mucha caridad del padre José de Aguilar, de parte de los naturales, por la divina gracia, iban las cosas con toda prosperidad, gusto y consuelo, y con gustosos aumentos; pero de parte de otros no falló la contradicción, que ha durado hasta el día de hoy, y hubo un siniestro informe que se despachó al señor alcalde mayor del Real de San Juan, de que estos naturales a la entrada del padre misionero se habían retirado lejos; llegaron estas pesadas, pero falsas noticias, al padre visitador Manuel González, que desconsolaron mucho su reverencia, y escribió a Tuape y Cocurpe para informarse de lo que pasaba. Recibimos la carta de S. R. en Tuape, teniendo la Semana Santa con más de cien pimas de este nuevo pueblo de Nuestra Señora de los Dolores los tres padres—el padre José de Aguilar, el padre Antonio de Rojas y yo—; de los pimas eran como 40 recién bautizados párvulos y muchachitos, que las señoras españolas del Real de Opodepe los estaban vistiendo ricamente y adornando con sus joyas y mejores alhajas como a nuevos cristianos para la procesión de Gloria, con mucha alegría de lodos, ni había habido lo más mínimo en la fingida retirada de los naturales, que tan siniestramente se informó al Real de San Juan; todo lo cual escribimos al padre visitador para su consuelo y firmamos carta los tres padres.

 

CAPÍTULO VI.—Segundas oposiciones y cizañas sembradas en la Pimería.

Volviendo de la Semana Santa y Pascua de Tuape a Nuestra Señora de los Dolores, fui a San Ignacio y a San José de los Himeris, que en todas partes las cosas iban con muy buenos auspicios en lo espiritual y temporal, de doctrina cristiana, de principios de bautismo, de fábricas y de sementeras. Pero en Nuestra Señora de los Remedios encontré la gente tan desconsolada, que por lo claro me dijeron que ellos no querían ser cristianos ni querían padre misionero, y preguntándoles el porqué, me dijeron: l° porque habían oído decir que los padres misioneros mandaban ahorcar y matar la gente; porque los padres mandaban trabajar y sembrar tanto para sus iglesias, que no daban lugar a que los indios pudiesen sembrar para sí mismos ; 3″ porque los padres metían tantos ganados, que se secaban los aguajes; 4″ porque los padres con los santos óleos mataban a la gente; 59 porque los padres engañaban a los indios con falsas promesas y dichos, y que yo también decía siniestramente que traía carta o real cédula del rey nuestro señor; pero que tal carta no traía, que si la tuviera la habría enseñado al señor teniente de Bacanuche.

Me desconsolaron muy mucho estas quimeras, cizañas y alteraciones; pero reconocí luego de dónde podían haber venido, y aunque la real provisión con la real cédula inserta la habíamos enseñado al señor alcalde mayor en el Real de San Juan el padre visitador y yo, que bastaba a los dos días, 10 de mayo, pasé con las justicias de Nuestra Señora de los Dolores al real de Bacanuche, que dista 20 leguas; enseñé la real provisión y real cédula al señor teniente, que lo era el capitán Francisco Pacheco Cevallos, en quien hallé toda honra; le di parte de lo sucedido en Nuestra Señora de los Remedios por los disparates que tan siniestramente habían hablado los días antecedentes contra los padres, y poco a poco quedaron remediadas las cosas y las calumnias de los malévolos y del común enemigo, y aun cuando no faltaban cuentos y riesgos fingidos de algunos poco afectos, los naturales desta Pimería iban quedando tan inclinados a nuestra santa fe, que desde más adentro, del Tupo, del Tubutanzas (Tubutama) y de otras partes pedían padres y el santo bautismo.


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