Categoria: Estudiante invitado

Yo soy Charlie
Kennia Gálvez*

Hablar sobre Charlie Hebdo es un tema bastante polémico que se debe ver desde distintos ángulos, escuchar tanto a la víctima como al victimario para poder tener una postura acerca del hecho, no antes, ya que se haría lo que ocurre normalmente en los medios de comunicación: presentar una sola versión del acontecimiento.

Tomar una postura entre Yo soy Charlie y No soy Charlie, se torna un debate filosófico entre tus creencias (háblese tanto de religión, cultura, política, orientación sexual, etc.) y la libertad de expresión. Si eliges uno estarías haciendo menos al otro, por ejemplo, si dices que eres Charlie estarías aceptando que se puede ofender a los demás a tal punto de ridiculizar sus creencias; más si eliges el otro aceptarías que los ataques presentados tienen una justificación válida y no es así. Ya que nadie tiene el derecho de arrebatarle la vida a una persona, ese solo es un trabajo divino (a mi parecer) que solo un ser tan perfecto y justo como Dios lo puede hacer.

Normalmente trato de tener una postura objetiva en donde mi religión no influya mucho en mis comentarios y pensamientos, para no caer en lo que muchos llaman “fanatismo”, pero en este caso siento necesario que debo hacerlo. Ya que entiendo su ira, su ofensa e impotencia al ver que una persona ajena a su religión se burle tan grotescamente de ella, cuando ni siquiera la conocen verdaderamente, solo por encima, guiándose por los estereotipos que la sociedad ha creado sobre ella. Pienso que antes de burlarse deberían conocer bien de qué trata, no es lo mismo su pensamiento “ateísta” (de la religión que sea) a lo que un creyente practicante de un dogma piense.

Charlie era muy burdo con sus caricaturas, algunos dirán que solo presentaban la realidad de una forma divertida y que a muchos no les agradaba que se las mostraran, pero no creo que sea así; ya que obviamente ellos no eran objetivos, si lo fueran sus caricaturas serían de otro tipo. Acá es donde inicia el debate. La libertad de expresión y la tolerancia son dos valores fundamentales que van de la mano, no puedes decir que un valor es más importante que el otro, todos son igualmente necesarios para vivir en sociedad.

Por ejemplo, si se hiciera una caricatura donde se hablara del homosexualismo como una aberración (cosa que algunas personas y religiones lo creen) al estilo Charlie Hebdo, abanderados con la excusa de la libertad de expresión, la mayoría de las personas se sentirían ofendidas y descalificarían al semanario, volviéndose un tema bastante polémico, hasta varias organizaciones a favor de los derechos humanos tendrían que intervenir (quizá) y me gustaría imaginar que en ese escenario Charlie si pediría una disculpa. Pero ¿por qué con ese tipo de tema la mayoría de la gente se uniría a favor de apoyar la causa de la comunidad afectada? ¿Acaso la libertad sexual y la libertad de expresión son más importantes que la libertad de culto? Al final de cuentas, es libertad en ambos lados y debe haber tolerancia y respeto para los creyentes de cada una de estas.

El tema de la libertad es algo complicado y confuso, en el cual nunca nos pondremos de acuerdo. Así que en cuanto al hecho mismo me declaro demócrata en el sentido de que defiendo a Charlie, pero no soy Charlie; tal como hizo alusión el escritor Juan Villoro.
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*Alumna de segundo semestre de la licenciatura en Periodismo y Comunicación Social en la Universidad Kino.

La imagen pertenece a la portada de la siguiente edición del semanario después del atentado. Bajo la frase “Todo está perdonado”, Mahoma sostiene un papel que dice “Yo soy Charlie”.

Por: Violeta García (alumna de tercer semestre de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Social).

 

La llegada de las redes sociales, la poca investigación, la desconfianza de las personas hacia los medios de comunicación y el poco interés, son algunos de los factores por los cuales el periodismo en nuestro país está en crisis.

El pasado martes 26 de agosto de 2014 el periodista Víctor Hugo Reyna García presentó su libro “Nuevos riesgos, viejos encuadres: la escenificación de la inseguridad pública en Sonora” (COLSON, 2014). Él es uno de los pocos periodistas sonorenses que se ha dedicado a la investigación. En esta entrevista comparte un poco de lo que fue su trabajo, así como sus opiniones acerca del periodismo en Sonora.

 

Victor Hugo Reyna

Mtro. Victor Hugo Reyna

Violeta García: ¿Por qué eligió el tema de la inseguridad?

Víctor Hugo Reyna: La inseguridad fue un pretexto. A mí me interesaba estudiar cuestiones de la tecnología en el periodismo. Hubo una convocatoria de la CLACSO; ellos querían un concurso de cuestiones de violencia y mi director me dijo que me inscribiera, porque él estaba interesado en eso. Fui y plantée el tema; no gané la beca, pero me quedé con ese proyecto y lo continué. Lo mantuve porque la desaparición de Alfredo Jiménez fue clave en la historia del periodismo sonorense, y yo sentía que hacía falta volver a ella, entenderla, contextualizarla, explicarla, para desatar ese nudo para los estudiantes de periodismo. Lo que hago en mi libro es desmitificar que la opción es arriesgarte a hacer ciertas cosas o ir a hacer notas del gobernador; no es entre uno y otro, hay infinidad de caminos. Esa era mi idea: primero como algo personal, resolviéndolo como alguien que era estudiante cuando pasó eso,  también como un docente que le toca enseñar esto a los estudiantes, y luego por una colaboración a las Ciencias Sociales. Ahora en mi doctorado ya no estoy trabajando con esto, porque ya me cansaron esas cuestiones de las muertes. Es muy desgastante emocionalmente, tanto para mí, como para mi familia. Mi trabajo si lo leen, no trae ningún aspecto que hable de ninguna organización delictiva, yo no sé de eso, ni me interesa saber, ni tampoco doy nombres de nada, yo simplemente analizo el periodismo y cómo ocurre este fenómeno. Como el Dr. Alejandro Covarrubias dijo en la presentación, más que enfocarme en esto, era como una perspectiva teórica, analizar el riesgo en la sociedad contemporánea.

 

VG: ¿Cuál es el método que utilizó para llevar a cabo su investigación?

VHR: Utilicé análisis de contenido. Agarré las primeras planas de los periódicos El Imparcial y Expreso, por cuatro años. Generé algunas categorías, por ejemplo: número de fuentes, tipo de fuentes, de qué tipo de inseguridad pública trataban. Eso lo cuantifiqué, saqué datos y números. Por otra parte, hice una selección de esas notas y las clasifiqué cualitativamente en los encuadres, como se llama el libro. Analicé el discurso, leí todas las notas, cómo caracterizaban a las víctimas. A manera de complemento levanté encuestas a periodistas, ex periodistas y alumnos de periodismo. Fue una encuesta muy breve, me ayudaron algunos alumnos. Fue para ver sus percepciones sobre los ideales del periodismo, la objetividad y la función de investigar. Eso me sirvió para seguir narrando. También hice entrevistas con algunas personas en particular. Pero como me enfoqué tanto en analizar el texto, es menor lo otro. Básicamente usé esas cuatro técnicas.

 

VG: ¿Por qué cree que los sonorenses hemos dejado de confiar en los medios de comunicación?

VHR: Los medios de comunicación han perdido sus ideales originarios del periodismo liberal como: la objetividad, neutralidad, investigación, entre otros. Eso se perdió en el periodismo local y también tiene que ver la crisis por la que atraviesa. No hay ningún medio que se pueda sostener solo con la circulación o la publicidad legal. Entonces es ahí donde entran las cuestiones de corrupción. Aunque sea legal que un periódico venda una página completa al gobierno, es anti-ético hacerlo disfrazado de noticia, y ahora todo el mundo sabe que los periódicos están haciendo esas prácticas que 10 años atrás no existían, entonces sí hay un cambio radical, hay un retroceso. En Estados Unidos, cuando comenzó a surgir la prensa impresa, los primeros periódicos eran anunciantes, se llamaban el Advertiser, y esos periódicos eran solamente publicidad, y algún contenido periodístico y ahora como que estamos regresando a eso, pienso que es bastante peligroso. Yo entiendo que la gente no quiera comprar el periódico, porque en primer lugar, ¿para qué vas a comprar el periódico? Está disponible en línea y es gratuito, número dos, las noticias que salen en el periódico ya las viste en línea en cualquier otro lugar, y número tres, el periódico no ofrece nada distinto o a profundidad. Son esos elementos que están ahí, por los cuales la gente ha dejado de confiar.

 

Nuevos riesgos, viejos encuadres la escenificación de la inseguridad pública en Sonora

VG: ¿Considera que las redes sociales están democratizando la información?

VHR: Sí y no. Las redes sociales permiten que se haga el discurso de alguna manera horizontal, pero también se fragmentan. Si uno antes tenía la referencia a El Imparcial, volvemos al mismo ejemplo donde todo el mundo recurría a esa fuente; ahora como hay tantas fuentes de información, se fragmenta y eso impide que las organizaciones periodísticas serias tengan esa influencia social. Necesitamos que haya una prensa fuerte para tener una democracia, y las redes sociales para muchos es la panacea, pero no son la solución. Por ejemplo: nosotros usamos las redes sociales y puedes estar “aquí comiéndome un sushi con mi amorcito”; no hay ninguna situación democrática, ni periodística. Yo lo decía incluso en algunas entrevistas, caemos en un error al decir que tenemos twitter y ya estamos siendo periodistas, eso no es tan fácil. Sin embargo, el internet tiene sus pros: permite que se publiquen contenidos que en otros espacios no se publicarían. Yo creo que hay un espacio importante para jóvenes estudiantes de periodismo, que generen sus propias mini organizaciones con un blog. Ese es el camino que tendrían que seguir los nuevos estudiantes para practicar y después tal vez incluso consolidarlo como una empresa.

 

VG: ¿Cómo podemos resolver el problema de la confianza en los medios?

VHR: La calidad puede contribuir a retomar la confianza, pero también hay que relacionarse de otra manera con el público. Tradicionalmente, la relación de los medios y de los periódicos con el público es anónimo, o un público que cuando es visible, es por ejemplo: “Hablé al Tata Chile bola para que me festejara mi cumpleaños”. Lo que necesitamos es tener un contacto más cercano con la audiencia, y no es tanto darle al público lo que quiere, sino considerarlo. Ahorita los periódicos están muy distanciados de la audiencia, porque sólo están interesados en la clase política. Esta clase es la que financia el periódico y es la que lo consume, entonces el lector no existe, ni tampoco hace falta en esta operación. Aquí tiene mucho que ver, creo, esta cuestión del modelo informativo de géneros. El género informativo ya está desfasado, entonces yo creo que hay que pensar en otras maneras de acercarse al lector, no nada más con la nota piramidal.

 

VG: ¿Qué le recomendaría a los estudiantes de periodismo?

VHR: Tienen que ponerse a leer, aparte de literatura, qué se está discutiendo en otros lugares. Yo recomiendo un libro que se llama Periodismo postindustrial de C.W. Anderson, Emily Bell y Clay Shirky. Mi recomendación a los estudiantes de periodismo, cómo alguien que egresó de ahí, sería que piensen en ser sus propios jefes. Yo le voy más a una cooperativa de ocho o diez estudiantes a que otros dos estudiantes quieran estar de noteros en un periódico, porque en un periódico los horarios, los sueldos, la presión, no siempre son lo mejor para alguien joven. Todos los que hemos pasado por ahí, hemos sufrido. Aunque desde luego los medios tradicionales tienen su ventaja porque ahí vas a aprender. Creo que hay que buscar a la gente que te pueda enseñar algo dentro de los medios.

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Fotografía de Renée Holguín.

Por Karina Montero (alumna de 7to. semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Educación)

Adaptación a la vida universitaria

Limitaciones, sacrificio, desvelo, éxito, futuro, satisfacción, recompensa, felicidad, llanto, buenos momentos, nuevos amigos, risas, peleas, discusión, pasión, amor, desempeño, habilidades, aptitudes, madurez, dificultades, fortaleza, cansancio, dedicación, tiempo, libertad, responsabilidad, amistad, compromiso y estrés son algunas de las palabras que nos dan una introducción a lo que es el significado de la vida universitaria.

La adaptación es el proceso mediante el cual un ser vivo puede sobrevivir en diferentes ámbitos, con características desiguales entre ellos, sin ver afectada su anatomía, o en el caso del ser humano, su sistema psicológico.

El paso a la vida estudiantil universitaria no es tan fácil como se dice. Desde que somos pequeños la mayoría imaginamos lo que nos gustaría dedicarnos cuando seamos adultos. Si bien ideamos e imaginamos lo entretenido que puede llegar a ser por fin tener que dedicar nuestro tiempo al estudio de materias de nuestro total interés, fantaseamos en todo lo positivo de este cambio ideándonos ya como unos profesionales exitosos desde antes de comenzar a recorrer este camino.

Pero realmente no sabemos a lo que nos enfrentaremos hasta que ya nos convertimos en estudiantes universitarios. Tomar la iniciativa de entrar a la universidad es una de las decisiones más importantes de nuestra vida. Al hacerlo debemos estar completamente decididos y convencidos de que esto es lo que realmente queremos, pues en el transcurso se nos presentan muchas pruebas las cuales en algún momento nos pueden hacer desistir y tomar la decisión de abandonar esta meta con la que tanto soñamos.

Al encontrarnos en este camino debemos tener presente siempre las razones que nos motivaron a entrar en este recorrido que sin duda alguna será una de las experiencias que recordaremos toda nuestra vida. Vale la pena esforzarse día con día pues el éxito y los sueños solo se logran con dedicación, esfuerzo y mucha confianza en sí mismo.

Adaptación a la vida universitaria 2

Podría decirse que este cambio es más fácil para unos que para otros, ya que las circunstancias de todo estudiante varían. Como alumno universitario uno debe adaptarse a la convivencia con nuevos compañeros, maestros y personal administrativo, a un nuevo sistema educativo, tal vez a una nueva ciudad y a muchas otras circunstancias.

En las universidades los alumnos somos clasificados como residentes y foráneos. En ocasiones es muy fácil diferenciar a simple vista unos de otros. Como alumnos podemos llegar a sentir que dentro de esta clasificación hay muchas características que nos diferencian, pero en realidad son más las que nos unen, pues todos somos estudiantes con el mismo sueño de llegar a ser un día profesionales de éxito. En este camino no llega más alto el estudiante que tenga mayores recursos a su favor, si no el que persevera y lucha constantemente por lograr lo que tanto desea poniendo a su favor lo mucho o lo poco que posee.

De seguro todos luchamos por superar las adversidades que se nos presentan porque uno de los principales motivos es que la mayoría tenemos a personas que creen en nosotros y nos brindan su apoyo ya sea moral, económica o de alguna otra manera con la que estas personas están pendientes de darnos algún soporte para contribuir a la realización de este camino que hemos decido tomar; y sí, es importante que como personas tratemos de responder de la misma manera con la que nos brindan su apoyo nuestros semejantes, pero sin olvidar siempre que el mayor motivo por el que nos encontramos en donde estamos somos nosotros mismos, nuestros sueños, metas y aspiraciones de superarnos.

Adaptarse a la vida universitaria es un reto, pues en realidad es el primer paso que debe darse para encaminarse al éxito. La universidad es como si fuese la primaria de una larga vida de estudios que debemos recorrer, pero si nunca nos esforzamos y nos decidimos por dar este primer paso nunca llegaremos a la meta deseada. El éxito nunca llega solo, hay que tomar las decisiones correctas y trabajar en gran medida para conseguirlo.

Entrar a la vida universitaria es sin lugar a dudas una decisión que está completamente en responsabilidad de uno mismo, pues de nosotros depende tanto tomar la decisión de entrar a la universidad, como mantenerse en ella y llegar hasta el final de esta experiencia, ya que gracias a esto se pueden obtener muchos resultados tanto positivos que son los que más disfrutamos, como a veces puede que también nos topemos con dificultades, las que sin duda alguna nos hacen crecer y nos preparan para los obstáculos con los que seguramente nos llegaremos a topar más adelante, en un futuro tanto laboral como personal.

Vale la pena vivir la vida universitaria tal y como es, con todas sus adversidades, pues nada hace más feliz y gratificante al ser humano que obtener algo por lo que ha puesto su empeño, dedicación y tiempo. Sin olvidar que todo esfuerzo trae su recompensa.