Categoria: Ensayos

Revista Universidad Kino(Click en la portada para leerla)

Editorial (1)

Infográfico sobre posgrado (4-5)

Estudiar un posgrado en Universidad Kino

Por Mtra. Josefina Krimpe Rosas (6-7)

Reflexiones sobre el Desarrollo Humano y Organizacional

Por Mtra. Ana Ruth González Pineda (8-9)

Las mujeres en programas doctorales de ciencias

Por Mtra. Diana Fernanda Jiménez Salcido (10-13)

El abandono de la formación investigativa en la educación superior y en posgrado

Por Mtro. Tonatiuh Castro Silva (14-17)

ExaKino

Entrevista a Liliana Chávez

Por Mtro. Josué Barrera (18-21)

Últimas tesis presentadas para obtener el título de posgrado en Universidad Kino (22)

Ni tanta academia

Por Mtra. Edna Liliana Gómez Fernández (23-24)

“La universidad como institución inductora del desarrollo regional y reforzadora de la identidad cultural

Por Mtra. María de los Ángeles Romero Espinoza (25-27)

Mi ida a México y vuelta a Misiones. Crónica de Eusebio Fco. Kino

Por Eusebio Francisco Kino (28-29)

“Hacemos la diferencia: Elizabeth McPherson.

Puericultura y Desarrollo Infantil en Universidad Kino” (entrevista)

Por Violeta García (30-31)

Vida universitaria

Congreso Internacional de Educación CONEDUK (32-33)

Incubadora UK (34)

Fotoseptiembre en Universidad Kino (35)

Teatro Universidad Kino (36)

Cursos de educación vial Psicología Universidad Kino (37)

Reseñas

Musiquito del talón de Alfonso López Corral

Por Dafne Rodríguez (38)

La visita del Señor Morhl de Claudia Reina

Por Julia Melissa Rivas (39)

Colaboradores (40)

 

 

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La duda es uno de los nombres de la inteligencia.

Jorge Luis Borges

 

Ante las cambiantes dinámicas contemporáneas, la capacidad de actualización de las disciplinas frente a problemas complejos de todo orden rebasa el ámbito explicativo de aquéllas. Las nuevas maneras de interpretar el mundo no están a salvo de las mediaciones del conocimiento surgidas de los diversos paradigmas heredados de tradiciones de pensamiento. Por ello, es importante la figura del pensador creativo que asuma una postura crítica en la búsqueda de soluciones más humanas y racionales para estas complejas realidades actuales y esto debe partir desde una perspectiva tanto de valores trascendentales trasmitidos a través de ideas como que alcancen públicos más amplios. La voluntad de intervención, la independencia de criterio y pensamiento se asumen como componentes de aquellas reflexiones que determinan el debate entre determinismo e indeterminismo, entre orden o caos, entre azar y necesidad como interrogantes centrales del conocimiento. O bien aquellos polos entre lo innato contra lo adquirido, entre lo físico y metafísico, en la idea de progreso misma, en aquella pasión por lo absoluto de las verdades eternas contra el relativismo, es decir, entre pensamiento único y visión crítica que conducen a paradojas que hasta nuestros días son vigentes: “Ahora sabemos -dice Octavio Paz- que el reino del progreso no es de este mundo: el paraíso que nos promete está en el futuro, un futuro intocable, inalcanzable, perpetuo. El progreso ha poblado la historia de las maravillas y los monstruos de la técnica pero ha deshabitado la vida de los hombres”.

Los imaginarios contemporáneos del progreso, tanto como vehículo de crecimiento y cambio, la primacía de la técnica y la superespecialización, la comunicación sea como conexión e interactividad, la adopción de valores de pensamiento único apuntan a paradigmas simplificatorios y racionalistas que excluyen la relación de lo único y diverso definitorio de la complejidad. En este escenario, el quehacer intelectual apunta entonces hacia la ética crítica contra lo discriminatorio, en favor de lo múltiple y lo diverso, en la articulación de nuevas culturas con las tradicionales, lo local con lo internacional y, por supuesto, en la responsabilidad pública y social de las instituciones. Si asumimos que, más allá de “la producción y diseminación de conocimientos especializados”, están la ética y la política en tanto horizonte del bien común, entonces el pensamiento complejo y crítico, junto a la reflexión colectiva, interdisciplinaria y sistemática, es componente imprescindible para configurar un ingenio para entender las formas en que el individuo interacciona con otros y con la naturaleza. Para proponerse creativamente los cambios en lo económico, político y entender la pluralidad cultural, las paradojas demográficas y sus desigualdades, las asimetrías, normas y valores del cambio, es tarea inmediata no sólo la producción de nuevos conocimientos, sino también la actualización permanente y la reflexión multidisciplinaria en donde el resultado de este proceso sea tanto la renovación de prácticas académicas como el enriquecimiento de respuestas creativas para “proveer a los individuos y a las sociedades conocimientos, capacidades e instrumentos para expandir sus posibilidades de desarrollo y progreso, el alcance de niveles de bienestar y convivencia satisfactorios”1.

En este sentido, las Humanidades, en tanto ideal, buscan elevar aquellos atributos que encarnan la unidad profunda entre el intelecto y lo societal, entre lo corporal y lo sensorial, entre inteligencia y voluntad, entre saber teórico, práctico y técnico, para conocer lo particular y lo universal. En esta aspiración ideal, se puede decir entonces que abrirse a la totalidad para saber lo que no se sabe, implica una formación básica en aquellos saberes fundamentales que dan cuenta también de sus limitaciones y, por tanto, el humanista no sólo aspira a prácticas y disciplinas intelectuales, sino a una formación y una actitud global. En tanto disciplinas, las Humanidades son prácticas intelectuales enfocadas a los radicales básicos de la vida humana, personal y social para captar y, en el mejor de los casos, aprehender el espacio/tiempo humano. Por ello, la Filosofía se enfoca a la comprensión del sentido de realidad; la Antropología a las dimensiones rituales y simbólicas; el Arte en tanto síntesis de belleza y verdad; la Ética como síntesis de valores y el bienestar común; la Historia como sentido de pasado y futuro; la Lingüística como apertura a mundos culturales propios, cercanos y antiguos de nuestras raíces, configuran el ideal de las Humanidades en tanto unidad en respeto a lo diverso. Si bien es cierto que el multiculturalismo existe desde siempre, ahora se presenta como convivencia de diversas culturas en un marco común resultado tanto de culturas territorialmente asentadas como de inmigraciones que marcan el surgimiento de los Estados-Nación que reposa, por una parte, en sistemas socioeconómicos orientados a la riqueza y, por otro lado, a la creación de espacios vitales orientados hacia el crecimiento individual.

 

Sin embargo, un rasgo determinante que distingue a nuestras culturas es, sin duda alguna, la crítica y autocrítica con tendencia universalista. Hacia este fin se enfocan las Humanidades: al diálogo entre lo uno y lo diverso, a la producción de conocimientos, a la reflexión y especulación de ciencia y filosofía, de arte y ciencia, de lenguaje y pensamiento. En otros términos, a la construcción de espacios que conceptualizan a las Humanidades como un ingenio para esa búsqueda amplia, de largo plazo, de reflexión y, al mismo tiempo, de creación artística e intelectual. Así, el ingenio es un recurso intelectual para referir a identidades y discursos, símbolos y lenguajes.

Más allá de la producción y generación de conocimiento especializado, están aquellas prácticas y disciplinas intelectuales que permiten a los sujetos reflexionar y elaborar, a partir del pensamiento complejo y crítico, saberes que permitan enfrentar las realidades contemporáneas societales y la diversidad cultural y humana. Por tanto, aquellos campos de reflexión sistemática enfocados tanto a problemas nacionales, sean históricos y sociales, son incompletos si no se acompañan de conocimientos fincados en aquellas dimensiones de orden lingüístico, pensamiento conceptual y simbólico, estético y cultural, filosófico y antropológico que ofrezcan no sólo un panorama más complejo y explicativo, sino también cree espacios imprescindibles de creación, diálogo y reflexión acerca del mundo tanto individual como colectivo. Para tal efecto, se requieren saberes interdisciplinarios que ofrezcan respuestas oportunas y actualizadas respecto a la condición particular y universal de los sujetos. Este propósito está determinado por aquellas formas de producción y reproducción surgidas de la renovación de paradigmas que se ocupan de realidades emergentes, de la ampliación de horizontes en las disciplinas, el pensamiento creativo y, por supuesto, de la ética crítica.

Las Ciencias Sociales se demarcan de las Humanidades a partir de la búsqueda racional de hechos y causas de la realidad social, presente o pasada, próxima o lejana, y también a partir de los modos de exponer un problema, la definición de sus métodos, los protocolos de investigación, la crítica de sus fuentes o la observación, la formalización lógica y la elaboración de conceptos sintéticos, modelos y tipos que les caracterizan. Por una parte, la Ciencia examina, ordena y revela aquellas dimensiones más públicas de la condición humana y, por otro lado, las Humanidades tienen vías diferentes de conocimiento para aquellas expresiones surgidas de la experiencia subjetiva del hombre enfrentado al mundo del ser y las cosas. Si bien ambas comparten la búsqueda del buen sentido, cada uno de estos campos tienen sus reglas específicas de métodos, su trabajo creativo y un lenguaje específico. Su finalidad común es, sin duda alguna, el sujeto y el mundo que implica la superación de antagonismos para proponerse un intercambio renovado desde los usos y realizaciones del lenguaje.

 

Las Humanidades tienen como finalidad la obtención de un modo de conocimiento de tipo hermenéutico cuyos veneros están en las obras de imaginación y en las obras de reflexión por lo que la interpretación de las manifestaciones del espíritu humano y el desciframiento de los sentidos no necesariamente racionales son sus campos de estudio. Los discursos de las Ciencias Sociales no pueden reducirse a sus dimensiones retóricas o narrativas toda vez que su vocación probatoria está cimentada en regímenes normativos de descripción y modelización del mundo real, así como la sujeción a pruebas específicas de cada tradición disciplinaria. A diferencia del discurso ficticio, la posteridad y el carácter excepcional resultantes de los juicios de valor donde el enunciado fáctico, igualmente narrativo, se somete de hecho a reglas mínimas de coherencia y verificación estructurada que ejerce su potencia para comprender e interpretar una visión del mundo desde corrientes epistémicas características.

En este sentido, tanto las Humanidades como las Ciencias Sociales comparten un elemento común: el lenguaje. Ello conduce a pensar en relaciones complementarias y hasta de interferencias en cada uno de estos campos disciplinarios. Si bien para las Ciencias Sociales la función del discurso es de índole referencial, ésta oculta las otras funciones del lenguaje natural, particularmente su función expresiva y simbólica que las Humanidades exploran. A nuestro juicio, este aspecto es una de las discusiones centrales en cuanto a relación entre Ciencias Sociales y Humanidades se refiere. Una esquemática revisión de ello conducirá a establecer que entre ambos campos existen interferencias enfocadas a construir un tipo de conocimiento fincado en las intersecciones de éstos toda vez que las Humanidades son modelos cognitivos libres de restricciones lógicas y de veracidad y fronteras disciplinarias, mientras que en las Ciencias Sociales el lenguaje, más allá de lo narrativo, es un instrumento de enunciación con propiedades sintácticas fincadas en intertextos referenciales con vocación probatoria sistematizada. En este sentido, las notas a pie de página, los cuadros estadísticos, los sociogramas y otros marcadores de cientificidad surgen de un registro denotativo-argumentativo-demostrativo a partir de categorías de un problema, el trabajo de campo, el punto de vista, la experiencia y el resultado que se opone claramente al registro connotativo-narrativo-expresivo del discurso reflexivo que no se nutre de esquemas secuenciales. Por tanto, es posible imaginar que las relaciones entre Ciencias Sociales y Humanidades se nutren precisamente de sus diferencias: por un lado el imperativo lógico y, por otra parte, la reflexión -siempre especulativa- acerca de subjetividades, procesos simbólicos y mundos posibles que las Humanidades comportan: “los juegos del lenguaje son las formas de vida”, dice Wittgenstein.

Los programas de conocimiento de la Sociología emanados de las tradiciones fisicalistas (Marx, Durkheim, Mailnoski), neoracionalistas (Smith, Weber, Goffman) y la crítica también se enfocan a estas relaciones ancilares como, por ejemplo, con la Literatura. En sus diversos géneros, la Literatura es para la Sociología, la Historia y la Antropología una fuente inagotable de informaciones, de esquemas, de procesos expresivos y de sistemas de interpretación que aparecen como más pertinentes que el razonamiento, la investigación y el dato puro. Citemos el caso de Passeron2 que muestra cómo la novela realista, clásica o de vanguardia tiene el potencial de propiciar conocimientos sociológicos lejos de toda explicación racional; o bien a Natalie Heinich3 que muestra cómo la novela sentimental se impone como el medio por excelencia para fijar en el imaginario social la crisis de identidad femenina durante el siglo XIX. En este mismo sentido, la narrativa de Dickens para entender el surgimiento de las clases obreras en las sociedades industriales o bien la narrativa de Dos Passos como base para analizar los procesos urbanos. Por tanto, puede decirse que el ejemplo de la Literatura constituye para las Ciencias Sociales, en todo o en parte, un corpus de reflexión, una fuente cognitiva y un modelo de discurso.

 

Visto de manera menos específica, ya desde los tiempos más antiguos, el pensamiento científico no ha dejado de reflexionar acerca del sustrato mitológico que confunde los planos naturales, humanos y sobrenaturales. La Ciencia en sus inicios cultiva ya los ideales de verdad fundados en la división analítica que la observación, la experiencia y la lógica conllevan. Por su parte, la Filosofía será el fundamento de la Sociología, la Sicología y la Lógica que muy pronto tienen su autonomía respecto de aquella. Las relaciones e interferencias datan de tiempo: la ya antigua pareja de Historia y Literatura; el conocimiento antropológico que, tomando distancia de exotismos estéticos, propone una significación basada en la comprensión del otro; la Sociología, resistiendo los placeres estéticos del discurso, construye modelos causales y teleológicos para comprender las subjetividades. Por tanto, las relaciones y diálogos entre las disciplinas sociales y la literatura comparten objetos comunes, temas, ideas y hasta enigmas que sustentan el espíritu de época: la figura mítica de Edipo para el sicoanálisis o Leviatán para la ciencia política, los héroes nacionales para la historia, el buen salvaje para la etnología o hasta la noción de personajes provenientes de clases sociales “bajas” para la Sociología. También están los procesos inversos ya que de las Ciencias Sociales también se construyen mitologías contemporáneas surgidas de conocimientos objetivos (vbgr. El marxismo) para explicar la época moderna. Todo ello evidencia las interminables relaciones entre pensamiento científico y pensamiento mítico surgidas precisamente de las humanidades y los estudios culturales en general y de la literatura en particular.

La diversificación disciplinaria y de corrientes epistémicas ponen en duda la misma unidad normativa del espacio asertivo de las Ciencias Sociales por lo que es posible imaginar un conjunto de disciplinas con interferencias y entrecruzamientos con las Humanidades. Algunas de estas relaciones ancilares refieren a la Filosofía cuya vocación especulativa trajo como consecuencia ser el sustento inicial de la Sociología, la Antropología, la Historia, la Economía y la Ciencia Política, entre otras no menos centrales. Luego entonces, de aquí se sigue que la Filosofía será un modo de conocimiento fundamental para que las Ciencias Sociales revisiten sus enunciados epistémicos toda vez que “implementar un modelo educativo flexible” implica no sólo la reflexión acerca del quehacer mismo de las disciplinas desde una perspectiva interdisciplinaria para “analizar los retos del mundo contemporáneo”, sino también la posibilidad de explorar tanto conceptos como prácticas y estrategias para aportar conocimiento a un “proyecto global de desarrollo humano y sustentable” (Tunnermann, dixit). En este mismo sentido, se trata de generar propuestas lo suficientemente flexibles y diversas, interdisciplinarias y creativas, abiertas y variadas, que conduzcan a una actividad académica encaminada a una “tercera vía” de conocimiento sustentada en las relaciones, las disociaciones y similitudes surgidas entre Ciencias Sociales y Humanidades y sus respectivas correspondencias.

Para esta tarea, la centralidad de la Filosofía (especialmente, filosofía de la educación, filosofía de la ciencia y filosofía antropológica), la Estética, el Arte, la Lingüística (sociolinguística y semiótica) y la Cultura respecto de las Ciencias Sociales permiten explorar y, sobre todo, revelar la móvil textura múltiple que los fenómenos y las identidades sociales contemporáneas traen consigo a partir de la liberación de las fronteras epistémicas. Reflexionar sobre las relaciones entre lo real, lo imaginario y lo simbólico, implica la noción de refundación y reflexión de las Ciencias Sociales y las Humanidades desde el discurso y el espacio semántico, desde las lógicas de interpretación, así como las dinámicas de relación entre descripción verificable y narración imaginaria. La construcción de una pluralidad de espacios epistémicos tanto en Ciencias Sociales y Humanidades diversifican prácticas de investigación ya que se considera lo mimético (representaciones de la realidad), lo mítico (realizaciones del discurso), lo semiótico (relaciones entre significantes y significados), el logos (el razonamiento) y la anagnórisis (reconocimiento y descubrimiento), como formas razonamiento y análisis de realidades complejas y en constante cambio.

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1 “Propuesta para el desarrollo de las ciencias sociales y las humanidades en México”. RODRIGUEZ Gómez Roberto, Ziccardi, Alicia et al. En Revista de la Academia Mexicana de Ciencias. Vol. 5, número 1, enero-marzo 2002. P. 51
2 PASSERON, J. C. Le raisonnement sociologique, ľespace non proppérien du raisonnement naturel. París, Nathan, 1991.
3 HEINICH, Natalie. États de femme, Ľidentité féminine dans la fiction occidentale. París, Gallimard, 1996.